En un momento tan convulso como actual en el que asistimos a una falta de entendimiento y diálogo, de ética y moral, unido a un creciente rechazo por pensamiento, raza o sexo, me pregunto si es lícito escribir de arte. La anestesia colectiva frente al dolor ajeno, la falta de esperanza, la pasividad y desazón, son parte de nuestro día a día. Mientras en otros lugares luchan por su supervivencia, sufren muertes, torturas y se lanzan al vacío porque no tienen nada que perder, en los egocéntricos micromundos de las sociedades neoliberales se malgasta el tiempo en luchas de poder, en decisiones que destruyen los principios de libertad, tolerancia e igualdad, pilares de las sociedades democráticas.

¿Es lícito entonces escribir de arte? La respuesta es sí. Se ha llegado a afirmar que el arte es capaz cambiar el mundo pero estoy convencida de que no. Únicamente la ciencia posee esta capacidad. Utiliza la lógica, propone hipótesis, investiga, obtiene resultados y provoca cambios fundamentales. El arte es fruto del pensamiento y la imaginación, emociona en todos los sentidos, produce historias, comunica ideas y puede llegar a ser un arma importante en la lucha frente a la injusticia. Individualmente puede hacernos reflexionar sobre las cosas, pero desgraciadamente no puede cambiar el curso de la historia. No obstante, su papel es clave como parte de la cultura. Un trasmisor de ideas amplio y complejo, esencial en el crecimiento intelectual de las personas.

Hablemos entonces de arte y más concretamente de la actividad artística reciente. Los EAC son un magnífico escaparate de las distintas líneas que se manifiestan en la creatividad contemporánea. Un concurso consolidado con diecinueve años de andadura que ha mostrado, durante este tiempo, la evolución y los cambios producidos durante las últimas décadas. En sus exposiciones y catálogos se pone de relieve la transformación del arte y sus creadores en la esfera actual. Hoy en día, la especialización artística es cada vez menor, siendo el creador contemporáneo interdisciplinar, global y tecnológico, reflejo de la sociedad mediática. De las veinticuatro propuestas seleccionadas la mayor parte de ellas se decantan por la fotografía y el video. La escultura como pieza aislada es escasa, siendo sustituida por la instalación. El dibujo gana puntos sobre la pintura. Respecto a las temáticas las de carácter político, social y ecológico están por encima de las puramente estéticas o personales.

La pieza presentada por Alfonso Almendros (Petrer, 1981) indaga en la propia estética, en la poética y posibilidades del color. La videoinstalación “Time Perception: Blue/Red”, es en realidad un trabajo de campo, una investigación que persigue la reacción del espectador ante la contemplación del azul y el rojo en movimiento. En sus obras se experimenta con el silencio y la soledad, llegando a alcanzar un sentimiento de recogimiento que proporciona a la imagen un alto grado de espiritualidad. Esto mismo encontramos en sus series fotográficas “My father’s wrinkles” y “Family Reflections”, narraciones que buscan poner de manifiesto lo extraño de la vivencia humana, lo que es reconocible pero desconocido en la propia experiencia.

Por medio de imágenes impactantes, los tres videos de Ausín Sainz (Burgos, 1969) destruyen de un plumazo tres principios de la sociedad occidental: la fidelidad, la libertad y la seguridad. Sus piezas actúan como armas corrosivas y críticas contra la injusticia social. Temas como la mujer, la crisis, los medios de comunicación y la situación mundial son contantes en su trabajo. La dureza del contenido contrasta con una escenografía barroca y atractiva que provoca en el espectador una mayor sorpresa. En los videos presentes en los EAC la puesta en escena es vital y ante ella se construye toda una historia de horrores, como pequeñas descargas electricas que remueven las conciencias. En “Fidelity” una estancia de perspectiva marcadamente renacentista reproduce un espacio barroco. En ella, el autor se muestra como alegoría de la cultura, el arte y la riqueza. Símbolos como el laurel (nobleza), arte (cultura/belleza) y cardo (fidelidad) son destruidos por el dinero. “Liberty” y “Security” revelan la insensibilidad ante la guerra, el dolor y el terror ajenos, todo un reclamo contra la injusticia y la ceguera colectiva.

La pinturas de Aurelio Ayela (Alicante, 1970) provocan desconcierto. En sus trabajos hay un análisis constante del concepto de arte desde la propia creación artística. El objetivo no es trasmitir las percepciones externas, sino la propia idiosincrasia del concepto de arte. Como afirma Aurelio “la obra plástica no es la plasmación de un pensamiento sino, sobre todo, una entidad en sí misma”. Así en las imágenes zoológicas que dibuja, lo real e irreal se mezclan. “Frog inside bride” y “Bride inside flog”, debaten la noción de coherencia, identidad, naturaleza y objetividad. Estas pinturas recuerdan los terribles monstruos del infierno del Bosco, engullendo, vomitando, expulsando. Un ser que no es, una pregunta sin respuesta en la imagen de un pájaro y una rana. Por otra parte en “Kaiser Flag”, Aurelio recurre de nuevo a la imagen de héroe patético en un rostro con máscara similar a las utilizadas en la lucha libre mexicana. La iconografía del comic y de los héroes americanos se hace de nuevo patente en su pieza de 2001 “Capitán Cheese contra La Fondue”.

Desde hace dos años Miguel Bañuls (Alicante, 1969) rompe con su habitual sistema de trabajo sustituyendo los materiales nobles de la escultura tradicional por otros más ligeros que le permiten dibujar en el espacio, y dotar a la obra escultórica de una mayor ligereza. Las dos esculturas modulares presentadas en esta edición de los EAC “Procesionaria 6M1” y “Procesionaria 6M2”, relacionan dos conceptos últimamente muy presentes en su trabajo: la reutilización de materiales industriales o cotidianos y la movilidad aleatoria o no de la propia escultura. Un boomerang se transforma, por capricho del autor, en un objeto artístico asumiendo una finalidad ajena a la original, adoptando la forma de una escultura abstracta que puede cambiar, sucesivamente, en manos de Miguel. Un juego en el espacio que se desarrolla sin límites ni fronteras.

Las instalaciones de Tania Blanco (Valencia, 1978) pueden definirse como reflexiones ante la verdad fragmentada del utópico mundo neoliberal. Utiliza un lenguaje neopop e hiperrealista con pinturas de enormes formatos y esculturas-trampas de objetos reales. En “Documentos inesperados en una sala de espera”, construye un espacio anodino con varias sillas y una mesa sobre la que se extienden revistas y periódicos conocidos. Un engaño visual que recuerda a las esculturas de Duane Hanson. Estas revistas: el País, ABC y el New York Times (New York Lies), no son sólo un trampantojo objetual (se tratan de cerámicas pintadas) sino también conceptual. Los grandes titulares de las portadas: “terrorismo financiero y crisis” o “votes lo que votes ya está todo decidido”, impensables como noticia en la prensa actual, son pura dinamita ideológica contra la sociedad mediática.

Las fotografías de Abraham Calero (Madrid, 1976) poseen una fuerza asombrosa. Son capaces de transmitir veracidad y dignidad, como se observa en su serie “Cubanos”. Retratos profundamente humanos y psicológicos que exhiben el resultado de una revolución fallida. Las imágenes de “Dignus” podrían calificarse de poesía visual. La fotografía dignifica el objeto como parte de la memoria colectiva, de un pasado que poco a poco se va olvidando. Forman parte de las arrugas de la vida, del deterioro al que inevitablemente se está destinado. En su soledad, sobre un fondo neutro, el objeto resplandece, revive, adquiere un tono escultórico. Abraham realiza un catálogo pormenorizado de cada pieza, como si se tratara de objeto museístico. Detalla su origen, medidas, procedencia, así como la elaborada técnica fotográfica a la que ha sido sometido.

La propuesta de Rafael Chinchilla (Torrenueva, Ciudad Real, 1992) rompe con las normas establecidas. Como objetos poéticos las cuatro piezas que se muestran en esta edición de los EAC plantean una serie de preguntas acerca de la dirección que adopta el estado social actual. Siete euros unidos en medio del vacío cuestionan la arbitrariedad del valor-tiempo de un sistema laboral cada vez más devaluado. Otra pieza muestra una mano anónima que escribe repetidamente la palabra infinito, sin detenimiento, dejando como resultado, únicamente, la sombra de la palabra. Esto mismo ocurre con el carboncillo enganchado al segundero de un reloj de pared que dibuja sin descanso una circunferencia. Finalmente la obra “El rincón de pensar” graba literalmente las letras sobre la frente. Rafael no exhibe una manera de perder el tiempo más bien una reflexión sobre su uso y abuso.

Olga Diego (Alicante, 1969) ofrece un diario autobiográfico de las cosas que le preocupan, de su pasado, del presente y de lo que podría ser el futuro. Apuntes de la realidad y la imaginación que raramente puede representar la fotografía. Con mucho sentido del humor, las delicadas imágenes son una llamada de atención sobre cuestiones trascendentales, no sólo de la experiencia de Olga sino de una buena parte de la sociedad. Conceptos como identidad, ambigüedad, respeto a los animales, sueños, y proyectos, se reflejan sobre el papel. En otros momentos Olga acude al gigantismo en esculturas hinchables de enormes dimensiones. No obstante con un dibujo detallista y cuidado, consigue conectar con el espectador como lo logra con sus arriesgadas performances o increíbles esculturas. Conociendo el trabajo de Olga no sorprende este acercamiento al dibujo. En cada uno de sus proyectos y acciones hay un trabajo exhaustivo de toma de apuntes, con croquis, frases, etc. El dibujo, esencial en su corpus artístico, retrata en “Iconografía particular. Entre cuernos, perros, amores y otras circunstancias” las vicisitudes de la vida.

La situación actual de los jóvenes profesionales y más concretamente la de los artistas nóveles es cuestionada por el colectivo SomosNosotros, formado por Alfonso Bermudo (La Luisiana, Sevilla, 1980) y Begoña García (Barcelona, 1980). Su video instalación “Nada que ganar, nada que perder”, recrea un idílico mundo artístico al que aspiran los llamados creadores emergentes. Pensado como el paraíso del éxito refleja la desesperanza y el miedo de las nuevas generaciones. Sin embargo, este paraíso es aún más cruel cuando se refiere a la frustración del autor que, tras un amplio recorrido, no ha alcanzado la fama. Nuevamente los artistas del siglo XXI exponen la falacia de una economía neoliberal que vende el sistema establecido como trampolín para un futuro soñado.
La instalación de Laura Franco Carrión (Málaga, 1985) entronca con el arte graffitero cercano a la estética de Basquiat. Laura utiliza este lenguaje urbano para expresar sus ideas sobre la situación artística del siglo XXI: el papel que juega el arte como mercancía en la sociedad de consumo, la posición del artista, el comisario, el museo, la galería y los centros creativos. Dibujos plagados de mensajes directos con iconos fácilmente reconocibles. Un maremágnum de sucesos, que se mezclan entre sí, conformando en las propias palabras de Laura “una historia del Arte”. Así el espacio arquitectónico queda saturado por mensajes e imágenes que promueven una crítica de la situación artística contemporánea.

Las tres piezas Ignacio García Sánchez (Madrid 1987) exponen una realidad imaginada que encubre una crítica sociopolítica. En su construcción de un mundo utópico, Ignacio recurre al dibujo infantil, detallista, de colores vivos y brillantes. Sus imágenes son explícitas y rezuman un humor caustico. Para reforzar su intención, recurre al collage con mensajes ilustrativos de la escena que se contempla. Son piezas de plena actualidad, crónicas transfiguradas del siglo XXI, ingenuas ilusiones que vomitan protesta. “Embargo contra un paraíso fiscal” simboliza la llamada de atención de miles de voces que reclaman justicia, que desean que la humanidad tome un nuevo rumbo, más equitativo y razonable. Ignacio recurre a la estética de la viñeta para narrar historias imposibles que en el deseo colectivo se transforman en realidad.

Las piezas de Rocío Garriga (Bienservida, Albacete, 1984) entran dentro de la categoría de poemas objetuales, rememorado las irónicas piezas de Joan Brossa. En cada una de sus esculturas hay un mensaje que permanece oculto. Rocío establece relaciones entre materiales de distinta función y naturaleza para crear algo nuevo que va más allá del significado de los objetos utilizados. Entre las piezas expuestas se encuentra un peligroso sombrero de copa formado por cerillas, cuya imagen trastoca la finalidad del objeto originario. Sin embargo, en la escultura “Mindhead (cabeza de cabeza)” el sombrero de copa guarda las palabras y pensamientos, amontonándolos arbitrariamente. En la disposición minimalista “Paraje de silencio: la vela del barco”, agrupa hojas de libros de historia de una buena parte del periodo franquista. En esta instalación las palabras se convierten en silencio, como olas de un mar de letras y papel que navegan en el curso de la historia.

La apropiación de pinturas clásicas, sobre todo paisajes, es el corpus de la instalación titulada “Quodlibet: pintura del mundo” de Jesús Herrera Martínez (Petrer, Alicante, 1976). Ejerciendo de copista de la pintura italiana renacentista y barroca, actúa como los autores clásicos que aprendían de las estampas que circulaban por las cortes europeas como auténticos souvenirs. Esta reinterpretación del clasicismo también se observa en su trabajo “HYPERBARROQUE”, realizado igualmente en la Real Academia de España en Roma. Una mirada irreverente e irónica de la pintura barroca, pero fiel a sus principios pictóricos. En la instalación de los EAC, se muestran dibujos de vedutas de la Roma clásica. Postales copiadas no de las originales, sino de sus múltiples reproducciones. Lo mismo ocurre con los pequeños lienzos dispuestos sobre las mesas en los que una lupa ayuda a observar, con mayor detenimiento, el detalle de la obra. Una reflexión sobre la representación, la historia y el arte.

La capacidad de crear un hecho, de hacer posible lo inverosímil y conducir la imaginación a límites insospechados se encuentra en el fantástico video de Marla Jacarilla (Alcoy, 1980). Se trata de una narrativa autobiográfica en la que habla de sus gustos, del pasado y el presente, descrita con un magnífico sentido del humor. El corto se divide en cinco capítulos donde una voz en off (la de la propia Marla) va contando una historia. La absurda idea de comparar las vidas de Stephen Dedalus (alter ego de James Joyce) con la propia Marla, se convierte en todo un mosaico de imágenes, flechas y situaciones que incomprensiblemente se llegan a relacionar. En su irónico cuento llega a conseguir realizar una gesamtkunstwerk (obra de arte total), evidentemente no en un sentido wagneriano sino plenamente contemporáneo. Una narración que va más allá del tiempo y el espacio, que arranca una sonrisa al espectador y le invita a pensar que todo es posible.

A Roberto López (Alicante, 1975) su inquietud artística le lleva a cuestionar la relación entre arte y ciencia estableciendo ciertos paralelismos totalmente especulativos. Las cuatro fotografías pertenecientes a la serie “El movimiento de los cuerpos (cuerpos rocosos/samples)” forman parte de un hipotético estudio aeroespacial. Roberto, al igual que Abraham Calero, realiza un inventario de cada uno de los materiales encontrados en una supuesta misión de la NASA. Clasifica cada objeto marcando su origen, otorgándole un número de identificación, describiéndolo. Pero en realidad, estos materiales no pertenecen al espacio exterior, son terrestres. Paradójicamente, representan símbolos de las protestas sociales, actúan como toques de atención al espectador. En “Toda acción tiene una reacción opuesta” los retratos dibujados se muestran con violencia. Roberto reproduce a los usuarios de los materiales clasificados, en distintas partes del mundo, en distintas luchas y revueltas.

Tomando como referencia las películas de ciencia ficción serie B de los años setenta, junto con la arquitectura religiosa de los sesenta, setenta y ochenta deudora del movimiento arquitectónico moderno en la ciudad de Madrid, Jonathan Notario (León, 1981) realiza un video chistoso, estrafalario y con mucho humor, donde los templos madrileños se transforman en naves espaciales para alcanzar su objetivo en la tierra, la comunión con Dios. Estética Neopop, cercana a Star Trek o Barbarella, que no deja indiferente al espectador. Notario utiliza la cultura popular y el ingenio para contar una historia rocambolesca pero que sin duda provoca una sonrisa. Esta obra no es sólo una acción friki, hay un estudio de la arquitectura brutalista y de su mala interpretación. También una ácida crítica a la necesidad de ser moderno y, sobre todo, a las absurdas teorías esotéricas. En definitiva, un divertimento corrosivo en su análisis.
María Platero (Madrid 1976) en “Las reglas de la naturaleza”, muestra un conjunto de nueve fotografías de paisaje en las que surgen unos elementos de medición que transforman la imagen real, provocando una relación compleja con lo representado. Estos elementos de medición recuerdan las correcciones de perspectiva sobre el paisaje de Jan Dibbets que desafiaban la tradicional manera de ver la realidad. María propone un juego que, evidentemente, no tiene ninguna finalidad científica aunque si estética e imaginativa. Lleva a cuestionar nuestra percepción de la realidad y a establecer vínculos entre la imagen existente y la manipulada. Un divertimento realizado con maestría. Medidas que no buscan un fin científico sino estético. Una mirada a la naturaleza perspicaz e ingeniosa.

Tres iconos de la cultura artística occidental (La Gioconda, La Capilla Sixtina y la Pirámides de Egipto) son utilizados por la artista brasileña Fernanda Ramos (Bagé, 1978), para explorar el concepto de identidad cultural y su devenir en objeto de consumo. El proyecto “Fotomatón” recoge el irracional comportamiento de turistas amontonados frente a iconos de la Historia del Arte, fotografiando incesantemente el objeto contemplado, sin otro motivo que dejar su sello, testimoniar que han estado allí. El arte se deviene, con estas acciones, en producto de consumo popular. El turismo ha superado al movimiento pop, a la descontextualización de la obra en el museo, incluso a su burla. La masificación, las prisas y las múltiples reproducciones banalizan, tristemente, la experiencia estética.

La base del trabajo de Florencia Rojas (Córdoba, Argentina, 1984) es la mujer, su cuerpo, la imagen que de él se proyecta y el uso y abuso del mismo. En el mundo occidental destruídos los yugos que impedían a las mujeres ser independiente, labrarse un futuro y realizase como personas completas, desgraciadamente seguimos siendo juzgadas por nuestra belleza y juventud, situación aprovechada por el sistema capitalista para vender una imagen irreal de mujer. Un sueño inalcanzable que proyecta la publicidad y que únicamente lleva al derroche económico y la frustración. Florencia contrasta esta imagen de belleza ficticia de las actrices de Hollywood con su instalación “Osario” a modo de vanitas barroca. Eliminado el sentido religioso de la misma mantiene la idea del paso del tiempo, irremediablemente ineludible.

La relación entre ciencia y naturaleza también se observa en las cuatro fotografías y el video de Julio Sarramián (Logroño, La Rioja, 1981). La hipótesis defendida por este artista es que ciencia y naturaleza no son antagónicas, sino que se refuerzan mutuamente produciendo una nueva mirada sobre el paisaje. Las vistas de Villoslada de Cameros (La Rioja) sirven de base al análisis de un punto concreto del entorno que, por medio un nivel laser, es utilizado por topógrafos para delimitar nivelaciones del terreno. Evidentemente no es ésta la intención de Julio, sino crear una nueva forma de concebir la naturaleza mediante el uso de la técnica. El artista se fija en la nieve, en el musgo, en un trozo de roca, mientras en las tres pantallas los niveles laser reproducen infinitamente su luz, como llamas de un fuego eterno. En la trayectoria de Sarramián la pintura de paisaje da paso a la fotografía, en un deseo romántico de aunar naturaleza y artificio.

El políptico de Pepe Talavera (Albacete, 1973) forma parte de un proyecto más amplio cuyo título genérico “Stop Making Sense” está constituido por casi un total de 500 pinturas comenzadas en el 2012 hasta la actualidad. Pepe se apropia de imágenes cotidianas que posteriormente traslada al lienzo. Esto ya pudo verse en su anterior trabajo “All Things Must Pass” (título del tercer álbum de George Harrison). Las fotografías personales sirven de base a la pintura. En el lienzo, estas imágenes pierden su significado original quedando como huellas de un pasado borroso. “Stop making Sense” se inicia como un trabajo de campo cuya primera fase es capturar diferentes imágenes de distintos blogs. En la segunda fase crea un blog propio, un collage de diversas fotografías captadas. La tercera y definitiva fase son las más de 500 pinturas origen de las imágenes apropiadas. Un maremágnum de historias descontextualizadas que crean una narración nueva, divergente y plural.

La materia, el cuerpo, la sangre y la identidad, todo ello, se encuentra en la instalación de Igone Urquiza (Bilbao, 1984). Igone recurre al textil para imaginar un mar ensangrentado del que parten ríos que se cruzan entre sí, concluyendo su recorrido en telas blancas manchadas de sangre. Este dramatismo escénico, según su autora, es una llamada de atención al concepto de identidad y a las relaciones entre las personas. Para Igone la indumentaria es parte esencial en la construcción de la identidad personal, en la imagen que proyectamos a la sociedad. El hilo rojo o cordón rojo del destino une a los amantes, conecta a las almas gemelas allá donde se encuentren. Esta hermosa leyenda oriental sirve de punto de partida a Igone para crear vínculos vitales por medio de un ovillo que se extiende hasta el infinito.

En línea del activismo artístico se encuentra la instalación de Rocío Villalonga (Valencia 1966). La propuesta de Rocío expresa el sentir colectivo que nace de la impotencia, la frustración y la mala conciencia. Aquella que nos provoca el pequeño cuerpo de Aylan Kurdi ahogado en una playa de Turkía. Sentados cómodamente en nuestros hogares observamos la tragedia humana a través de una pantalla. La distancia, la lejanía nos hace insensibles al horror. Miles de personas con nombres y apellidos que acaban hacinados en campos de refugiados, en tierra de nadie, gente que huye de la guerra en busca de una esperanza. “Otredad” es un escaparate de rostros anónimos reflejos de una migración obligada. Rostros frágiles sobre escayola, amontonados unos sobre otros, sin color, sin futuro. En palabras de Rocío “un producto de la falta de valores de la sociedad occidental”. Una metáfora del abandono, de la insensibilidad al dolor, una imagen terrible del egoísmo humano.

Oscar Vázquez Chambó (Algemesí Valencia, 1972) reproduce en su serie de nueve fotografías un ambiente doméstico habitado por dos hermanas. Una escenografía cinematográfica conseguida por el uso de las luces y la actitud de los personajes. Oscar narra mediante la imagen una tragedia humana que se despliega en tres actos: “Sad sisters”, “Angry sisters” y “Unhappy sister”. En cada una de las escenas se hace presente el silencio y la incomunicación, que contrasta con la viveza del color de los vestidos y la decoración de las distintas estancias. El dramatismo se enfatiza con la arquitectura utilizada y la aguda perspectiva que distancia aún más a las dos mujeres. Una dolorosa historia escrita con la cámara por medio de los gestos, las luces, la escenografía y el color.
No es tarea fácil analizar veinticuatro proyectos expositivos cada uno de ellos con sus propios objetivos, reflexiones e ideas. Pero sí resulta inquietante saber que la mente está tan viva, que la imaginación fluye a borbotones y que los artistas trabajan por mostrar un mundo mejor, más amable y humano. Como historiadora del arte me encuentro al otro lado del espejo de la producción artística y, desde esta perspectiva, sigo disfrutando, soñando y sufriendo con ellos.